Te descubro mi rutina creativa

Pintar, mirar, apuntar.

Volver a empezar.

 

Esto es todo.

Nada más.

 

Y, todo con una intención muy simple.

Estar presente.

Esto es lo más importante.

Solo esto.

 

Pero, no.

En realidad.

Esto no es todo.

En la rutina hay algo más.

Un elemento imprescindible que me permite ir mucho más profundo.

 

Porque todo en la vida es mucho más profundo, lo que ocurre es que casi siempre nos quedamos en la superficie, sin atrevernos a dedicar unos instantes para ver los detalles y los porqué de cada proceso.

 

Así que atento, te cuento el cuarto elemento de mi rutina, el más importante.

 

Los primeros años que pintaba creaba sin ninguna idea, sin un objetivo, solo crear y pasármelo bien.

En esa época tenía poco tiempo para pintar porque mi trabajo principal no me lo permitía. Sólo podía usar los mediodías o los fines de semana.

Era una situación agotadora en la que dedicaba más tiempo a preparar el material que al acto de pintar.

Y, pensé “Dani, tiene que haber una forma más simple de hacer esto”.

Así que decidí cambiar de estrategia.

Busqué la forma de crear otro tipo de obras, obras que pudiera llegar al estudio y ponerme a pintar en menos de 5 minutos.

Llegar, cambiarme y pintar.

Tenía que ser así de sencillo, pero encontrar la solución no lo era.

Tardé más de dos años en conseguirlo.

 

Tras una larga búsqueda y muchos experimentos, encontré la solución.

O fué ella la que me encontró a mí, porque la idea principal surgió de la meditación.

 

Así que empecé con la nueva rutina.

 

Pintar, mirar, apuntar.

Volver a empezar.

Y, meditar.

Si, lo has oído bien, MEDITAR.

El cuarto elemento del que te hablaba.

 

Resulta que lo que me trajo la solución, en realidad se incorporó a la rutina.

 

Cada vez que realizaba la rutina, cuando llevaba una hora o más de concentración, al terminar me apetecía sentarme y meditar.

 

Sentía la necesidad de terminar el proceso con una interiorización, observando mi estado interior.

Y cada vez me apetecía más, cada vez me apetece más, porque después de estar concentrado, al cerrar los ojos casi siempre me encuentro en un momento de paz, armonía y mucha calma mental, casi sin pensamientos.

 

Y esto hace que cada vez me apetece más ir a pintar, porque esta rutina me trae innumerables beneficios.

 

Me permite centrarme en hacer una sola cosa a la vez.

Una sola cosa.

Así de simple.

Así de profundo.

 

Y, el resultado, son obras creadas a través del acto meditativo de pintar.

Las podrás ver aquí.

 

 

Dani.

 

PD.: estate atento, porque iré profundizando en esta rutina y te daré ideas para crear la tuya.

PD2: la inspiración para meditar, arriba.

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